Los líderes de las PyMEs en México enfrentan múltiples problemas, sin importar que la empresa sea de reciente creación o que el negocio familiar esté relevando a una generación anterior.

Debido a la importancia de las PyMEs en el país –representan el 98% de las unidades económicas, generan casi el 80% del empleo nacional y aportan el 56% del PIB–, sus puntos vulnerables han sido ampliamente estudiados. El reporte anual Global Failure Index de The Failure Institute de 2018 menciona algunas de las razones más comunes por las que fracasan las PyMEs mexicanas: falta de ingresos insuficientes para subsistir, falta de indicadores, falta de procesos de análisis, planeación deficiente y problemas de ejecución. El INEGI añade otro dato. Según este Instituto, la falta de financiamiento es lo que termina ahorcando a las PyMEs, cuyo promedio nacional de supervivencia es de tan solo 7 años. Solo 39.8% de las empresas medianas acceden a financiamiento y apenas el 27.8% de las pequeñas que lo solicitan lo logran obtener.

Como si lidiar con estos problemas financieros fuera poca cosa, los líderes de las PyMEs con frecuencia cometen un error que incrementa la presión para su empresa: el querer controlar todos los detalles de lo que pasa en ella. Este afán por querer ser orquesta de una sola persona tiene un nombre específico: micromanager, o aquel que administra todo a nivel granular.

A primera instancia, no es una práctica de liderazgo que parezca demasiado dañina. ¿Qué tiene de malo que un director general debe estar enterado de lo que ocurre en su empresa? Nada de malo, pero estar enterado es muy diferente a querer involucrarse de manera activa en todos sus procesos.

Un líder puede saber si es un micromanager si reconoce una o más de estas señales:

  1. Nunca está satisfecho con los entregables.
  2. Con frecuencia se frustra porque habría hecho las cosas de diferente modo.
  3. Se enfoca en los detalles y se enorgullece demasiado de hacer correcciones.
  4. Constantemente quiere saber en dónde está los miembros de su equipo y en qué están trabajando.
  5. Con frecuencia solicita actualizaciones.
  6. Prefiere ser copiado en todos los correos. 

Si bien un líder tiene más responsabilidades en la empresa, los recursos de los que dispone para trabajar ––tiempo, concentración y habilidades– son tan limitados como los de cualquier otro empleado. El problema con los micromanagers es que aplican el mismo nivel de escrutinio e intensidad a cualquier tarea, se necesite o no. Es una práctica que daña la moral del equipo y, a final de cuentas, su productividad. Al querer controlarlo todo, el jefe da un mensaje claro: no confía en su equipo.

¿Cómo un líder puede evitar el error de ser micromanager? Es un proceso, pero puede empezar con hacer una lista de prioridades (como elegir la estrategia de la compañía)  y dejar ir las minucias (no hay necesidad de revisar a conciencia el manual de recursos humanos. Otra sugerencia es explicar el “qué” en vez del “cómo”; saber pedir lo que se espera de un entregable es también una habilidad de liderazgo. Finalmente, la mejor manera de cometer este error es que el líder se rodee de empleados en los que confía. La confianza es la base de toda relación, por lo que una entre el líder y sus subordinados tiene que estar cimentada en ella. 


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