Parecería que entrar a trabajar al negocio de la familia es una solución a las preocupaciones económicas. Es empleo garantizado, genera una fuerte relación laboral, ofrece flexibilidad en horarios y, al fin y al cabo, ¿quién mejor que los parientes para procurar un proyecto al cual todos le entregan tiempo, dedicación y cariño?

Según las estadísticas, esta percepción no es más que un espejismo. La importancia de estas empresas en la economía nacional es evidente –el 83% de los negocios en México son familiares y juntos generan el 67% del empleo en todo el país–, pero también lo es su vulnerabilidad: el 76% de todas las empresas familiares mexicanas desaparecen antes de haber cumplido los 25 años. Es decir, no logran sobrevivir en el tiempo y con frecuencia terminan siendo sólo una manera de autoemplearse.

¿Por qué es tan difícil que una empresa familiar pase de generación en generación en este país?
Aunque son varios los factores, hay algunos más fáciles de identificar que otros:

  • Considerarla como banco. En una empresa familiar, primero debe ir la empresa y después la familia. El que muchos parientes lleven la misma compañía no significa que deban verla como una fuente interminable de recursos. Es clave
  • Querer sólo emplear a familiares. Una empresa puede surgir a partir de fundadores o inversionistas que sean hijos, padres o parientes entre sí. Sin embargo, esto no significa que cada uno de los puestos en la compañía debe ser ocupado por miembros de la misma familia. Quien obtenga el empleo debe estar capacitado para ejecutarlo; es decir, no solamente debe contar su grado de parentesco.
  • No profesionalizarla. Aunque una empresa familiar tenga un equipo relativamente pequeño, no tener a los empleados bajo un esquema adecuado de nómina y contratación puede ser razón suficiente para que la compañía quiebre en poco tiempo.
    Todos los procesos, desde nómina hasta la presentación de los productos o servicios, deben estar lo suficientemente profesionalizados para llevar un control de los mismos.

Darle prestaciones atractivas a los empleados, por ejemplo, es una buena métrica que puede considerarse en este aspecto.

>