No importa en qué momento de tu vida profesional leas esto: invertir en educación continua siempre es una buena idea. Puede que ya tengas el empleo que siempre anhelaste o que apenas te hayas graduado de la universidad, pero ninguna de estas situaciones es razón suficiente para no volver a estudiar. 


Las razón es sencilla. La cantidad de información que se produce cada día supera, por mucho, nuestra capacidad de procesarla. Tan sólo en Internet se realizan más de 5,000 millones de búsquedas en Google diarias, casi la misma cantidad de personas que hay en el planeta (7,700 millones). Si extrapolamos eso al ambiente laboral, lo único que queda claro es que diariamente aumenta la cantidad de cosas que desconocemos –y es algo que aplica todas las profesiones y ocupaciones. Desde el contador que tiene que mantenerse actualizado en materia fiscal hasta el ingeniero civil que debe aprender a usar las redes sociales para poder atraer más clientes, la educación siempre encuentra un nuevo propósito. 

Pero, ¿cómo es que un profesionista puede seguir estudiando si el tiempo disponible para hacerlo es completamente opuesto a la abundancia de información que hay que comprender? Aquí hay algunas recomendaciones generales para hacer un plan viable de educación continua:

  1. Definir objetivos. Si te vas a comprometer con un diplomado, una certificación o un curso de mayor duración, pregúntate: ¿qué obtendrás tras haberlo finalizado? Considerando que tu tiempo libre es un recurso escaso, debes ser estratégico en lo que planeas obtener al invertirlo. Una nueva habilidad, un requisito laboral o perfeccionar el uso de una herramienta son objetivos válidos. Puede que tengas mucho interés en aprender a hablar italiano por ejemplo, pero será mucho más estratégico para tu carrera tomar ese curso de inglés profesional que te hace falta.
  2.  Saberte administrar. Al ser una inversión, la educación continua trae consigo un riesgo; en este caso, el de desperdiciar la oportunidad de aprendizaje por no saber administrar tu tiempo. Trabajar de 9 a 6, salir y tomar un curso (presencial o en línea) y además realizar tareas puede terminar por consumir todas tus horas libres. Definir horarios viables y metas realistas te ayudará a no querer tirar la toalla a la primera que tengas que entregar una tarea.
  3. Tener un financiamiento estratégico. Si bien invertir en educación continua se hace con el propósito final de estar mejor preparado, este incentivo profesional no debe cumplirse a costa de la estabilidad financiera personal. Puedes financiar tus estudios continuos con algún dinero que tengas ahorrado, o si es un curso que debes tomar  de manera inmediata, pregunta a tu empresa si ofrece préstamos de nómina; algunos incluso existen con el propósito específico de pagar estudios, por lo que sus facilidades de pago son mejores.  
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