Si no ha sido tu amigo el que conoce de finanzas, seguramente has escuchado lo siguiente en voz de algún colega de oficina: para hacer crecer tu dinero, debes diversificar la manera en que lo manejas. Pero, ¿a qué se refieren con esto?

La manera más común en la que los mexicanos administramos nuestro dinero extra es ahorrándolo. Sin duda, es un hábito recomendable. Tener un “colchón” financiero es un salvavidas en caso de emergencia. Pero hay quienes aseguran que el ahorro es dinero perdido ya que está en reposo. Hasta cierto punto esto es cierto, pues si el dinero no cambia de manos no hay manera en que se multiplique. Así que si el dinero no se va a ahorrar, ¿qué hacer con él? La respuesta más inmediata –y la manera más fácil de comenzar a diversificarlo– es invertirlo. 

Prepárate con lo siguiente para que al inicio del 2020 logres por fin dar el paso para comenzar a invertir.

  1. Define tu presupuesto de inversión. Antes de que decidas invertir en algún bono de gobierno, en acciones en bolsa o incluso en alguna propiedad, lo primero que debes hacer es definir tu presupuesto de inversión. No puedes invertir el dinero de tu renta, el de las colegiaturas o el que requieres para pagar algún préstamo; siempre debe ser el dinero del que dispongas libremente. Evalúa, por ejemplo, lo siguiente: del dinero que tienes ahorrado, ¿te serviría invertirlo todo o hay alguna razón por la cual te conviene más invertir sólo algún porcentaje? Considera todos los escenarios posibles antes de colocar tu dinero en algún vehículo de inversión.
  2. Aprovecha la temporada decembrina. En el caso de que seas de las pocas personas que no se gasta todo su aguinaldo o bono en las festividades de fin de año, bien puedes utilizar ese dinero para invertirlo. Al final, es dinero extra que, de administrarse bien, puede darte frutos para mediados de año. 

Diseña tus propios esquemas de inversión. Si ya tienes decidido comenzar a invertir pero no dispones del ahorro suficiente para hacerlo, una buena alternativa es pedir un préstamo. No, no es una idea contraintuitiva o descabellada: al final, la inversión es un riesgo e iniciar con un préstamo no significa necesariamente que ese riesgo sea mayor o sea malo. Si la empresa para la que trabajas ofrece préstamos de nómina, por ejemplo, será mucho más sencillo tener a tu patrón como prestamista para este propósito que cualquier otro.

>